Home Crónicas Alovera 10k 2012
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Parece que me toca escribir ya una crónica y creo que el día de hoy lo merece porque además de ser un éxito participativo, también lo ha sido en cuanto a resultados obtenidos y las MMP.

Bien, todo empezó una mañana fría y con tendencia a no dejarse calentar por el sol. Iba yo pasendo con mi coche cuando todavía era de noche y de pronto, ¡uy, se me encendió la bombilla! ¿por qué no acercarme a recoger unos dorsales para la carrera de Alovera? En un cartel anunciaban que a las siete y media empezaban a atender a los corredores, así que contento y feliz allá que fuí.
Cuando llegué a la piscina municipal.... a ver.... no, no... no era mi intención darme un chapuzón... a ver si me situo..... sí, ya recuerdo, los dorsales! Uy, qué empanada llevo! :p Vale sí, el caso es que allí se repartían :p .... los imperdibles, vaya, por asociación de ideas cuando visualizo un dorsal automáticamente recuerdo que es importante hacerse con unos imperdibles, pero la cosa no viene ahora a cuento que solo estoy escribiendo la crónica. A ver, recapitulemos..... sí, mucha gente del club de Alovera estaba allí abriendo cajas y realizando los preparativos. Un frenesí de preparar las bolsas de corredor, los listados con número de dorsal, el equipo de música.... bueno, creo que fuí el primer corredor de los setecientos y pico que llegué para retirar el dorsal (no se si daban premio por eso, supongo que no) y me esperé un ratín.

Amanecía. Decidí que era hora de retirarse a casa para realizar los preprativos y desayunar algo. Aproveché para comprar unos churros y porras mientras, repito, amanecía. Es importante este matiz porque de no amanecer no habría carrera. ¿Os podéis inmaginar lo que podría ocurrir si al sol le diese por no salir una vez durante su larga y aburrida existencia? y no llegó a salir, no, pero me refiero a salir de salir... ya me entendéis, no? bueno..... ¿Por dónde íbamos?.... ya, los imperdibles, sí. El caso es que me hice con un puñao y luego no se qué hice con ellos.... menos mal que luego Ana llevaba... que por cierto después de pasear con el coche, retirar el dorsal, hacerme con un puñao de imperdibles, amanecer, comprar unos churros y porras e ir a casa a acicalarme un poco para ir guapo a la carrera, tenía que ir a por Ana a la estación. Las estaciones de tren me producen cierta paz espiritual... tantas vivencias en tantas estaciones al final te hacen ver el mundo de otra manera y..... ¡hey!, ya salía Ana que confundida buscaba el billete para salir.....

(No se si me estoy enrrollando demasiado. Si es así avisen que empiezo otra vez y trato de ser más breve.... igual tenía que haberme saltado la mención del semáforo que me salté.... ¿ah, que no la he contado? bueno, mejor no me refiero a este detalle que últimamente llueven mucho las multas, jeje.)

Amanecía o eso parecía. Un cielo plomizo nos envolvía y el frío nos hacía dudar entre ir vestidos o correr desnudos.... digo, correr con el nudo.... de la zapatilla, claro. Hay que atarse bien las zapatillas, importante. No hay mayor jodienda después de quedarse sin imperdibles que la de parar en carrera para atarse la zapatilla. Así que nada, amanecía.... o eso parecía pero no salía el sol. Seguro que algún gracioso lo enganchó en el horizonte con algún imperdible mientras orgulloso de su gracieta desayunaba churros con porras en la estación de Azuqueca.... ¿no dije que era la estación de Azuqueca donde recogí a Ana? Bueno, pues ya lo sabéis.

Al final abrigados y mal ataviados (Ana se olvidó de algo no recuerdo qué pero era una bolsa) nos dirigimos a buscar al resto de corredores.... no, no, los setecientos y pico, no. Me refiero a los de nuestro peculiar equipo.

No se ya si amanecía, pero frío sí hacía cuando de pronto Sergio apareció, dijo algo, y desapareció. Fué como un destello y diría que fué una ilusión si no es porque algo nos dijo. No recuerdo qué pero ví que se marchaba a buscar a su hermana y los dorsales.... con imperdibles, sí.

Nuestra segunda aparición fué un señor con rastas y barba de varios días que debía andar errante dios mediante buscando el calorcito un poquito. Al final resultó ser Javi que estaba calentando, pero bueno, ya se que no suena tan bucólico pero con las marcas que este peculiar señor se curra ninguna ficción supera a la realidad.

Bien, pues este señor tan simpático se prestó luego a conducirnos ante la siguiente aparición oculta en un vehículo y que se negaba a salir hasta que saliera el sol. Hubo que convencerla de que tenía que aparecerse. ¡No podía permanecer oculta porque entonces ya no podría hablar aquí de apariciones!. No hubo más que hablar ante lógica tan aplastante. Patri salió del vehículo casi irreconocible enfundada en braga, gorro, guantes y mucho más.

Creo que me he saltado alguna aparición. ¿Es posible? Sí, por ejemplo la que el fantasma de las zaragozas pasadas nos trajo como el más inesperado presente. Una mañica que en su día vió la oportunidad de unirse a nuestro equipo local y dejarse de cierzos y nieblas. ¡Bah, donde esté el frío del aloe y las veras que se quite todo lo demás!

Pasado el episodio de las apariciones nos centramos en el calentamiento y me detuve a saludar a muchos corredores (no, a los setecientos y pico no porque estaba pendiente de que amaneciera pero el tono monótono y gris del cielo decidió instalarse en las bajuras) Aprovechamos para hacernos una foto con los aparecidos (también Dani) y desaparecidos (nos faltaron Sergio y su hermana) y casi sin darnos cuenta amaneció un sol radiante!!!!..... no, no era eso... era algo importante pero no tanto.... ¡Ah, sí, la salida!!! ¡casi sin enterarme dieron la salida y nos pusimos a correr! Eso es, a correr..... ¡por fin!

(Lo que ocurrió durante la carrera creo que no viene a cuento en esta sucesión de hechos. Permitidme pues saltarme este cacho que básicamente trata de colocar un pié delante del otro y mantener una ventilación adecuada hasta la vista de una pancarta donde pone "Meta". No se qué hay que meter, pero parece que ahí acaba siempre el trámite de correr)

Bien, volviendo al relato de acontecimientos, otra serie de sucesos se agolpan con cierto desorden en mi trabada memoria. Lo primero que ví desde el cansancio y el aturdimiento fué al señor de las rastas dándome la enhorabuena por no se qué del tiempo que yo observaba igual de plomizo. Luego me preguntó algo sobre unas llaves, pero como sospeché que trataba de sonsacarme algo, me excusé y tarareando mentalmente el "donde están las llaves matarile, rile, rile" me fuí a buscar refigerio.
Tan feliz iba siguiendo los adoquines de la plaza que casi me doy con otro señor que insistía en que devolviera algo que llamaban Chip. No sabía a qué se refería y cuando seguí con la mirada la señal de su dedo, descubrí que, efectivamente, un extraño objeto de plástico yacía enredado entre los nudos de los cordones. El cómo llegó allí es un misterio. Procedí a quitármelo inmediatamente y con un simple trueque por fin obtuve el deseado refigerío. El caso es que no bebí nada. No tenía sed.

Hasta mis memorias llegan pocos datos ya. Tras algún que otro extraño saludo, aproveché un momento de foto para sentarme con las piernas abiertas y cuestionarme si todo lo que me rodeaba era real o una ilusión. Llegué incluso a valorar si yo era de este mundo pues no entendía tanta satisfacción entre quienes se me aparecían.....

Atardecía.... o eso creía...
Zzzzzzzzzzzzzzzz

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Ultima actualización (Lunes 16 de Enero de 2012 08:26)