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salida

 

Domingo, 20 Octubre, 2013 Sant Fost de Campsentelles (Barcelona).

 

Última prueba exigente antes de la maratón de Oporto, y mi segundo trail, en su versión corta (12K), atractivo por su recorrido, organizadores y patrocinio. Entre ellos el mediático Josef Ajram y su Where is the limit? Isostar, Merell, Buff... Día espléndido de nuevo, con más calor si cabe, agravado por el cambio de hora. Buen acceso y cercanía a Barcelona, en su sierra prelitoral, rodeados de bosque y pequeñas urbanizaciones. Recogida de dorsal, guardarropa y, con tiempo por delante, voy a que me ladren los perros locales carretera arriba. Hay que calentar músculos, y en especial de rodillas para abajo. En la puesta a punto me resiento en el apoyo del pie derecho (?!). Espero que sea más por estar aún frío, y trabajo el asunto. Al mismo tiempo que la carrera corta de 12k, y con recorrido parcialmente coincidente, hay otra de 22k, por lo que se ven atletas preparados para escalar el Aneto, con mochilas, botellas, pañuelos, manguitos, calienta piernas, parches, gorras, y zapatillas de suela agresiva, que más parecen botas de asalto. Ya en el arco de salida, el locutor anuncia rampas de un 25%. Dirijo la mirada a las fivefingers y les pregunto dónde me habré metido. No importa, la cuestión es disfrutar y adaptarse, y el factor sorpresa puede aumentar la diversión -o destrozarte el día, jeje.

Comienza la fiesta con su lluvia de papelitos y hala, ¡a subir! Hay un desnivel acumulado de 400m y pico, y pronto me doy cuenta de que están todos de golpe. Es como subir el Empire State por las escaleras, 2k de asfalto que no sé si subiría mi pobre coche en primera. Sigo pinito a pinito, administro oxígeno, y no me dejo llevar por los que optan por caminar, aunque los envidio. La cosa no mejora cuando entramos en las pistas forestales. Con tanta pendiente es zona de arrastre fluvial, y el terreno es muy irregular, pedrolos y raíces al descubierto sobre tajos serpenteantes. Lo bueno es que cuanto más subes, menos queda en teoría para bajar, y una primera escala será el avituallamiento -único para los 12k- de los 5.5km. Y no hay tregua, sólo curvas y subida entre madroños cargados, quercus varios y pinos con vistas grandiosas a Barcelona, con Montserrat como una enorme isla castaña por un lado, y el macizo del Montseny que va quedando atrás.

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Me acostumbro al ritmillo y a la escalada, y agradezco las zonas de sombra para aliviar el calor, pero aquí cada km vale el triple y se hacen largos. Sigo fuerte, lo peor pasa y en lo más alto, en la vertiente izquierda, aparece el mar resplandeciendo. Un poco más y ahí están los queridos voluntarios con sus mesas puestas. Es todo un lujo parar, echar un trago y recoger un gel nutritivo (para cuando acabe). Continuo bien, y en uno de los grupos de cabeza. El terreno, aunque se estrecha, pasa del falso llano al descenso, con algún desvío asfaltado. Y he aquí la clave, uno de mis temores en la montaña. En un canal muy estrecho y divertido que desciende, de repente los que iban delante reculan, por ahí no es. Volvemos a un punto con tres posibilidades; en una de ellas el paso está barrado por dos beneméritos que no tienen ni idea. Probamos por otro camino y tampoco, vuelta a empezar. Comienza a juntarse el grueso de corredores, desorientados y con cabreo. Faltan unas cintas que marcarían el sendero bueno y que al parecer sí estaban a primera hora... Cada uno dice una cosa y todos caminamos, no hay espacio para que por aquí corra tanta gente.

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No hay vuelta atrás, sólo sonreír y lamentarse, más que nada porque todo iba a las mil maravillas. Hemos hecho de más, pero también descansado y ahora tocan las cornetas de caballería, que viene el descenso. He pasado el ecuador y puedo soltar amarras, sin frenos, cuanto más tiempo en el aire mejor. No soy un gran escalador pero en la bajada he de pedir paso, nadie es capaz de seguirme. Reconozco que es de locos porque hay tramos con salientes de vértigo, y no me da tiempo ni a calcular dónde pongo el pie, casi pierdo el equilibrio en algún giro, y qué divertido, esto es volar, y las zapas se agarran cuando hace falta. Sigo a toda pastilla en trozos de asfalto, luego surge una entretenida escalinata de madera que salva unos cien metros de barranco, y no debe de quedar demasiado, se vislumbra la zona polideportiva. Entro en meta sin forzar, contento por las cosas buenas, 1h21'con 2k, por lo menos, extra, y en plena forma. A por los regalitos, papelotes y pantomaca con barrita energética, mmmm, hambre montañera. ¿Dónde está el límite? Creo que lo sabré en Oporto.

 

Ultima actualización (Jueves 21 de Noviembre de 2013 19:06)